Es domingo, 27 de
diciembre, Cartagena, plenas fiestas de
fin de año, son las 8 de la mañana, escucho de lejos el vallenato, la canción
"Señora"; una canción que particularmente no le gusta a mi mamá por
su contenido machista y permisivo. Más allá de lejos escucho el señor que grita
con fuerte galillo Bolsa
de Basura! a las 8 de la
mañana.
Me levanto con una
pereza, pero con la dicha saber que me espera sol y un toque de humedad en la
ciudad.
Cuando bajo al comedor, ya
la mesa está montada con platos navideños, y en la mesa hay arepas de huevo,
suero costeño, revoltillito de huevo, (del de rojo por el tomate), café con
leche y jugo de naranja, lo único
saludable, y en la cocina está mi mamá haciendo un sancocho de pescado; no dudo en mirarlo; la saludo primero claro ( a mi mamá ) , en la olla hay cilantro,
cebolla junca y la cabeza del susodicho que se asoma.
Nos sentamos a comer, y
sigue la emisora de vallenatos clásicos, no como esos de ahora que son una
parafernalia de contenidos sin sentido sino de mercadeo político y rosquero, y
no podía faltar la famosas intervenciones " La Reina 95.5!”,
ay que delicia escuchar esto, es como la otra que dice que se metió! Me acuerdo
que cuando era pelada y quería grabar una canción; las de Enrique Iglesias
sobretodo; porque en esa época existía el casete y esperabas que saliera esa canción
que te encantaba y salía la intervención del "se metió" y te tiraba
la grabación, pero aún así cuando la escuchabas ya grabada te la cantabas.
Ha cambiado mucho desde
entonces la tecnología de la música, los juegos y elementos de entretenimiento,
pero que por lo menos en mi casa no han cambiado y me alegro que se mantenga así.
Seguimos escuchando la
emisora, ahora está sonando “me deja el avión” y después de comer, quedamos llenos,
pero además con el palo de calor que hacer mi papá que es bien lechuga en eso, se
queda sin suéter, lo más normal en la costa, a pie pelao se sienta con mi hija
Anais de 3 años, también a pie pelao y es feliz tirada en el piso coloreando. Eso
me encanta porque en donde vivimos –la nevera - hace tronco de frío y después se
le enfrían las entrañas.
Si, son de esas
creencias que te meten en la cabeza cuando eres pelaito, como el otro que
cuando planchas y no puedes abrir la nevera porque te quedas tieso, sea mito o
realidad no vas a negar que te quedan y así lo bajas a tus generaciones y hasta
lo discutes con otras personas adultas defendiendo tu verdad.
Y en realidad eso nos
sucede, nacimos con páginas en blanco, nos colorean imágenes y nosotros nos
encargamos de llenar de más colores y a veces hasta de borrarlas, sea que
porque estudies más, leas, viajes, te llenes de información y el resto se va distorsionando
o pretendes corregir.
Por lo menos en mi generación
que aprendimos algo de inglés en el colegio, nos la pasamos corrigiendo a
nuestros padres cuando salen con esos absurdos verbales como “feibuc, guasa y así
por el estilo”, me acuerdo que cuando éramos niños mi papá le encanta
pronunciar los nombres de los actores que salían al inicio de la película en inglés,
y yo era como “Wow, quiero hablar así”, pero de ahí no pasaba. Hoy día lo corrijo
en medio de una emoción mixta, entre intolerancia y risa por mis verdades, las
cuales creo que cada vez pueden ser menos válidas si las miro desde otro lente.
De las cosas que me
hacen reír cada vez que vuelvo a mi casa, en Cartagena es ver la cotidianidad
de la gente, los apuntes tan autóctonos que hay acá, es lo que te hace recordar
de dónde vienes, ayer por ejemplo que fuimos a playa en Castillo para ser más
exactos y quería ir al baño móvil y cuando le pregunto a la señora “Doña cuánto
vale para entrar?” y ella sin filtro me dice “Chichi a 1.000, popo 2.000”, ese
apunte ha sido el mejor, y es que lo que me encanta de mi cultura es que somos así,
sin filtro, decimos las vainas a calzón quitao y de frente, por eso hay buenas
relaciones y duraderas.
Otra de las cosas que
disfruto es ir a un bar de salsa brava en el centro histórico de la ciudad llamado
“Donde Fidel”, te sientas en la sillitas tipo director, de color amarillo por
publicidad de Cerveza Águila, donde la carta del bar esta con papel contact y
nada más escoges, le chiflas al mesero y te sientas a ver pasar la gente y si
tienes chichi y está por ahí el mimo, te friegas porque te la monta, pero es
genial, sobre todo cuando lo ves de espectador y ves cómo se burlan los otros,
pero si lo hacen contigo y no eres tolerante te patea, ahí me digo en voz baja “cógela
suave” y lo disfruto.
Si se te ocurre coger
taxi y no lo negocias, te vuelves a fregar, a mí me toca esconder a mi marido francés
con cara de boyaco cada vez cogemos taxi porque nos quieren clavar y el con lo burlón
que es hasta un nojodazo les echa y cambia su acento a costeño. Y esto sí que es una paridera tener marido
extranjero, no por nada malo, sino que tienen un rotulo en la frente de “seguro marrano” y todos los vendedores
se quieren aprovechar, no más en la playa las masajistas que pretender dar la
pruebita y termino yo diciéndoles que no que yo le hago y dicen “mija mis
masajes son relajantes y los tuyos excitantes” ahí, ya está otro apunte clásico
que me hace recordar que somos así, sin filtros.
Que sabor tiene esta
ciudad, y no solo por la comida sino por todo, la gente, la música, las vulgaridades,
las tradiciones, eso es lo que más me alimenta el paladar de emociones, y
aunque de corazón me entristezca ver la ciudad que huela a feo y sus burgo-titiriteros,
me la disfruto siempre.
En la plazita de San
Diego hay una señora que vende fritos, no sé si llama doña Mayo o doña Tere, lo
cierto es que dicen que tiene un solo diente que con ese destapa la botella de
kola roman,y aunque no me he puesto a repararle el bendito diente, el hecho de
ir hasta allá ya es buen plan y algo que me he dado cuenta los dos últimos años
que he venido es que he visto mayor participación de personas que viven en la “otra
Cartagena”, dentro del centro histórico manejando bicicleta con sus hijos, Que
eufemismo tan pendejo la verdad, y creo que nosotros como locales somos poco
inclusivos, ya estamos cambiando el color a ese libro de páginas blancas y
vamos poniendo otros colores y eso es bueno.
Me voy feliz de mis
vacaciones, me voy con inspiración, sabor y muchas sonrisas y si otra vez
vuelvo a vivir acá seguramente seré muy feliz, porque aquí nací, me crié y llené
muchas de mis páginas en blanco, espero no seguir borrando lo que un día mis
padres, mi escuela y mi entorno me hicieron dibujar.
Stephanie DEL RISCO
CUADRADO ©
